Apuesta en el Matarraña

Baudilio restaurante muestra la cocina personal de Fabiana Arévalo

Probablemente, el Matarraña sea la comarca más desconocida para los zaragozanos. Una zona que a sus atractivos paisajísticos y culturales llevan tiempo sumando los gastronómicos. De ahí el resurgimiento del Baudilio restaurante, que apuesta por la cocina personalizada y de calidad, tras una etapa como asador.

Es el nombre y homenaje al padre de la cocinera Fabiana Arévalo, argentina de origen, pero turolense adaptada desde hace una veintena de años cuando vino a trabajar a esta tierra, primero para otros, luego, en Valderrobres, para ella.

En plena pandemia abrió esta su apuesta más personal, alejada del cogollo turístico de la localidad, en un edificio de dos plantas. Abajo, la recepción y la cocina a la vista, pues nada hay que ocultar; arriba un coqueto comedor, casi donde los cuadros de las exposiciones temporales realzan la piedra de sus paredes y la madera del techo.

Un espacio para disfrutar sin prisas, acompañando al menú degustación de la casa, de momento solo el fin de semana, donde se manifiesta con fuerza el sabor y saber de la cocinera. Fabiana lo actualiza con cierta frecuencia, por lo que es posible que alguna propuesta se haya modificado. Por 50 euros, el menú comienza con un potente Consomé de jamón con verdura de temporada, para seguir con una Brandada de bacalao con ajo blanco y Natillas de foie, donde recupera recetas clásicas, adaptadas a estos tiempos.

La parte central comienza con un diferente y potente Arroz de anémonas y emulsión de algas, recordando la cercanía al mar, de donde le llega fresco y del delta, el pescado, aquí en forma de Chupin de corvina, donde las borrajas maridan con la delicadeza del pescado; para culminar con otra adaptación de una receta internacional a la carne más aragonesa, una Royal de cordero, aligerada por la presencia de setas, repleta de sabor.

Como dulce final, Nuestra interpretación de la tarta Velvet, donde rompe las formas, jugando con la intensidad de los sabores. Además de los obligados petit fours.

La oferta de la casa se completa con un menú ejecutivo, entre semana al mediodía, por 25 euros, vino incluido, que suele recoger alguna de las propuestas del de degustación. Y, por supuesto, la carta, en la que, ahora sí, se aprecia su origen argentino, con la presencia de la brasa y diferentes carnes, desde nuestro cordero a la vaca vieja, con opciones de solomillo entrecot o chuletón, además de lubina a la brasa.

La bodega atiende a los diferentes intereses de la casa. Por supuesto vinos de la zona –IGP Bajo Aragón– y aragoneses, pero también de Terra Alta –vienen muchos catalanes–, espumosos y dulces para los postres.

Una apuesta por la cocina de producto, muy elaborada técnicamente, servida en un marco muy acogedor, que se suma a los atractivos del Matarraña.